«Se le fue la lengua»: el proceso inquisitorial contra Juan Pérez Quintana, alguacil mayor de las minas de Temascaltepec (1569)

Noreste & Beyond: Esta publicación forma parte de una serie de investigación sobre familias del resto de México con vínculos directos, lejanos o potenciales con el Noreste.

Una red de emigrantes de Santoyo (Palencia) en un real de minas novohispano

Resumen

En agosto de 1569 el alguacil mayor del real de minas de Temascaltepec, Juan Pérez Quintana, fue denunciado ante la justicia eclesiástica por haber dicho que las relaciones entre un hombre y una mujer soltera no eran pecado y que «con una poca de agua bendita se perdonaba». El expediente resultante, además de documentar uno de los delitos de palabra más perseguidos en la Nueva España de la década de 1560, permite reconstruir tres generaciones de una familia de la Tierra de Campos palentina y una pequeña cadena migratoria que unió la villa de Santoyo con las minas de plata del actual Estado de México. Se ofrece aquí una relación ordenada del proceso, su contexto histórico y geográfico, y un diagrama de las relaciones familiares y de paisanaje que las declaraciones revelan.

Palabras clave: Inquisición ordinaria; proposiciones; simple fornicación; Temascaltepec; Santoyo; Támara de Campos; emigración castellana a Indias; siglo XVI.

  1. Introducción

El proceso que aquí se resume se instruyó dos años antes de la fundación formal del Tribunal del Santo Oficio de México (1571). En 1569 las causas de fe contra la población laica española se ventilaban todavía ante la llamada inquisición ordinaria o episcopal: la jurisdicción que ejercía el provisor y vicario general del arzobispado de México en nombre del ordinario, aunque los propios autos se intitulan «del Santo Oficio». El delito imputado —proposiciones acerca de la simple fornicación— fue, junto con la blasfemia, la infracción de palabra más comúnmente perseguida entre los españoles laicos de la Nueva España en las décadas de 1560 y 1570, y los reales de minas, con su población masculina, flotante y escasamente vigilada, fueron su escenario predilecto.

El interés del expediente desborda, sin embargo, la historia del delito. Las declaraciones del reo y de sus testigos de abono dibujan con precisión inusual el origen de una familia de la Tierra de Campos (Palencia) y la cadena de paisanos que la trasplantó a las minas novohispanas, lo que convierte al proceso en una fuente genealógica de primer orden.

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Carta de Rodrigo Flores Carballo sincerándose de los cargos que le hacen

Introducción: el documento y su importancia

Entre los papeles de la Inquisición de México conservados en el Archivo General de la Nación se encuentra una petición, recibida por el Santo Oficio en la Ciudad de México el 13 de septiembre de 1619, escrita y firmada por el capitán Rodrigo Flores Carballo, a la sazón escribano público y del cabildo de la Villa de Santiago del Saltillo, en la gobernación de la Nueva Vizcaya. La petición tiene un valor genealógico excepcional: es el único documento conocido hasta la fecha en el que Rodrigo Flores Carballo —también conocido como Rodrigo Flores de Valdés, progenitor de las familias Valdés del noreste de México— declara su propio origen y filiación. En sus líneas iniciales afirma ser natural de la villa de Cangas de Tineo (hoy Cangas del Narcea), en el Principado de Asturias, de la antigua diócesis de Oviedo, e hijo legítimo de Álvaro Flores de Valdés y de Aldonza Alfonso Carballo, ambos ya difuntos en 1619. No ha aparecido hasta ahora partida parroquial, licencia de pasajero ni probanza que sitúe su lugar de nacimiento, lo que convierte esta declaración —hecha bajo su propia firma ante el más alto tribunal de la Nueva España— en el documento ancla de toda la línea.

La petición fija además su carrera en una coyuntura crucial de la historia colonial del noreste. Flores Carballo declara que antes había servido como escribano público y de gobernación del Nuevo Reino de León, residiendo en la «ciudad de Santa Lucía» —nombre que aún se usaba para la población refundada en 1596 como Ciudad Metropolitana de Nuestra Señora de Monterrey, junto a los ojos de agua de Santa Lucía—, y que para 1619 ocupaba el oficio de escribano de Saltillo por merced real. Cita asimismo sus servicios militares como capitán y alférez real en la reducción de la frontera chichimeca.

El fondo de la petición es una denuncia de falsificación judicial. Flores Carballo acusa a fray Juan Moreira (Morera), guardián franciscano del convento de Santa Lucía, de haber fabricado en su contra una causa al estilo inquisitorial, en venganza por una querella criminal que Flores había interpuesto en 1612 —durante el gobierno del virrey marqués de Guadalcázar— contra Mateo de Villafranca, allegado de Moreira. Describe, cláusula por cláusula, cómo fueron alterados sus propios instrumentos notariales: donde su mandamiento decía «porque así conviene al servicio de Dios nuestro señor y de su majestad», el falsario raspó el texto para que dijera «al servicio de Dios y de su Inquisición», haciendo parecer que Flores había usurpado la jurisdicción del tribunal; incluso se insertaron letras en una orden de aprehensión relativa al pecado nefando para invertir su sentido. Acompaña a la petición una hoja firmada aparte con la clave de las falsificaciones (fol. 56), y la última foja del expediente (fol. 58) conserva una denuncia sin relación con el caso, de otra mano, presentada por Juan Jerónimo de Agurto, de la Ciudad de México, el 9 de septiembre de 1619, y encuadernada con el legajo.

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TRANSCRIPCIÓN: Testimonio del testamento jurídico otorgado por el finado Don Matías de la Garza Falcón, vecino que fue de este Valle [de China].

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[ Última actualización: 26 julio 2023 ]

Resumen

Testamento de Matías de la Garza, hijo de Clemente de la Garza y Francisca Cantú. Clemente era de Pesquería Chica. Matías fue casado con Teresa Cantú, hija de Juan Cristóbal Cantú y Margarita de la Garza. Tuvieron ocho hijos: José María (casado), Gertrudis (casada), Carmen, Ángeles (casada), Refugio (casada), Pablo (casado), Fermín y Rudesindo. Matías heredó de sus padres el rancho de Pichicuaro en el agostadero de Preñadas además de horas de agua en tierras del Llano, jurisdicción del Valle de la Mota. Testa el de 27 de enero de 1835 y agrega un codicilo el 5 de marzo del mismo año. En este período se casa con María de los Reyes Peña [viuda de Pedro López]. En el testamento deja como herederos a siete de sus hijos (excluye a Ángeles) y en el codicilo deja el “remanente del quinto de [sus] bienes… a Doña María Trinidad, Ramona, y Juana, hijas de [su] presente esposa y María de los Santos, hija de Doña Salomé García…”.

Transcripción

Valle de San Felipe de China / Estado de Nuevo León / Año de 1835 

1835

Testimonio del testamento jurídico otorgado por el finado Don Matías de la Garza Falcón, vecino que fue de este valle. 

Exp. 40. 

Fojas 7#

Año de 1836 

Inventario y partición extrajudicial de los bienes del finado Don Matías de la Garza, vecino que fue de este Valle de China. 

N. 61

[SELLO] [SELLO: Estado de Nuevo León. Sello segundo. Doce reales. Valga para el bienio de 1834 y 1835. ]

[MARGEN DERECHO] Corregido

En el nombre de Dios todo poderoso, amén. Yo, José Matías de la Garza, natural y vecino de este Valle de San Felipe de Jesús de China, hijo legítimo de los finados mis padres Don Clemente de la Garza y Doña María Francisca Cantú, el primero natural de Pesquería China, la segunda de ésta y ambos vecinos de este referido valle. Hallándome enfermo de enfermedad natural que Dios nuestro señor ha sido servido enviarme y estando en mi entero y sano juicio, memoria y entendimiento natural, creyendo como firmemente creo y confieso el altísimo e inefable misterio de la Santísima Trinidad, padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un sólo Dios verdadero, y en todos los demás misterios que cree y confiesa nuestra Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana, bajo cuya fé y verdadera creencia he vivido, vivo y protesto vivir y morir como católico romano y fiel cristiano, eligiendo por mi intercesora y protectora a la Santísima Reina de los Ángeles María Madre de Dios y Señora Nuestra, al Santo Ángel de mi guarda, Santos de mi nombre y devoción y demás de la corte del cielo, para que alcancen de mi creador y Redentor Jesucristo la redención que espero de mis pecados, temeroso de la muerte como incierta su hora y tan natural y precisa a todo criatura humana y para que no me coja desapercibido de disposición testamentaria cuando el caso llegue resuelva con maduro acuerdo y reflexión todo lo conveniente al descargo de mi conciencia, evitar con claridad las dudas y pleitos que por su defecto puedad suscitarse después de mi fallecimiento y no tener a la hora de este ningún cuidado temporal que me obste pedir a Dios misericordia, hago, ordeno y establezco este mi testamento en la forma siguiente. 

1a. Primeramente encomiendo mi alma a Dios Nuestro Señor que de la nada la creó y redimió con el precio infinito de su preciosa sangre y mando el cuerpo a la tierra de que fue formado, el que hecho cadáver quiero se amortaje con una mortaja corriente y se sepulte en el campo santo de este valle en rotura de cinco pesos, o en donde mis albaceas lo dispongan, declárolo así para que se cumpla. 

2a. Ítem mando se pague por una vez a las mandas forzosas y acostumbradas, dos reales a cada una y tres pesos al legado piadoso novísimamente impuesto; declárolo así para que se cumpla. 

3a. Ítem declaro que del total de mis bienes se deduzcan lo ante dicho y se saquen cien pesos para que se digan cien misas por bien de mi alma: expóngolo así para que se cumpla. 

4a. Ítem declaro que fui casado y velado in facie ecclesiae con la finada mi esposa Doña María Teresa Cantú, hija legítima de y de legítimo matrimonio de los finados mis padres Don Juan Cristóbal Cantú y Doña Margarita de la Garza y durante nuestro matrimonio hubimos y procreamos por nuestros legítimos hijos a José María, María Gertrudis, María del Carmen, María de los Ángeles, María del Refugio, José Pablo, Fermín y Rudesindo, sin otros de que no hago mención por haber muerto en su infancia antes de mi dicha esposa: declárolo así para que conste. 

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